PROYECTO ANANDA (आनन्द)

PROYECTO ANANDA es un Modelo para una Nueva Manera de Vivir, colaborativa e intuitiva. El nuevo paradigma nos conduce hacia un camino colaborativo en vez de competitivo e intuitivo en vez de racional. Por lo tanto este Modelo contempla el desarrollo humano desde un punto de vista holístico y plantea el desarrollo social, desde la participación colectiva, en base a ideas genuinas y armonizadoras con el entorno, como un Todo que tiene en cuenta a cada una de sus partes.

EROTIZÁNDONOS PARA ASCENDER (Sección Proyecto "Funo")



“ENTRE EL MAR Y EL CIELO”



Acabo de despertarme. ¡Qué bien he dormido! Hacía mucho tiempo que no dormía tan profundamente. No recuerdo ningún sueño. ¡Qué bien me encuentro!

Recuesto mi cara otra vez sobre la almohada. ¿sobre la almohada? ¡Si es tu brazo! ¡Tu suave brazo! Estás aquí, junto a mí, dormido, con el torso desnudo y ... pareces feliz. Cierro otra vez los ojos y comienzo a rememorar ¿cómo ocurrió todo?

Me invitaste a cenar o ¿fui yo quien lo hizo? Bueno, el caso es que fuimos a cenar a un sitio precioso, cerca del mar, muy tranquilo, donde nadie te conoce ni tu conoces a nadie. Estabas guapísimo, eso dijiste tu también de mí. Me quedé mirándote. Tú sonreías, con esa sonrisa llena de vida y ese brillo en los ojos, tu cara se iluminaba. Cenamos así toda la noche, entre risas, miradas, cierto nerviosismo y alguna dosis de autocontrol. Fue maravilloso. No se que cenamos.

Salimos de aquel encantador lugar hacia la playa. Sobre la arena, muy cerca del mar, nos sentamos. Se oía el sincrónico y atrayente romper de las olas al llegar a la orilla. Era tranquilizador. Estaba la mar en calma. Se olía a mar, esa mezcla de sal y vida marina. Arriba, el cielo repleto de estrellas. A nuestro alrededor nadie. Estuvimos en esa posición un buen rato, sin hablar, simplemente “estando”. No hacía falta decir nada. Sobraban las palabras.

Un suspiro rompió esa quietud. Nos miramos. Yo acaricié tu brazo. Creo que después toqué tu espalda o más bien, recorrí tu columna vertebral con mis dedos, de arriba abajo, de abajo a arriba. Incluso me parece que llegué a masajear tu hombro izquierdo y tocar tu cuello, justo donde nace el pelo, tu lindo pelo. Fue entonces cuando giraste la cabeza y ... nos besamos. Fue un beso cálido y húmedo a la vez. Cerramos los ojos y poco a poco nuestros cuerpos fueron descendiendo hasta la arena. Ya en esa posición comencé un recorrido por tu cuerpo con mi boca. Primero fue la barbilla, descendiendo por tu cuello hasta encontrarme en tu pecho. Un pecho descubierto por mis manos. Besé tus pequeños pezones mientras tu acariciabas mi pelo. Fui deslizándome entre pequeñas presiones labiales hasta tu ombligo. Dibujé su forma con la punta de mi lengua. Intenté bajar por tu vientre pero choqué con tu cinturón. Un cinturón que retenía a un agradable pantalón bajo el cual se dibujaba una transversal “montaña” que quería descubrir y conquistar.

Desabroché el cinturón, baje la cremallera del pantalón y deslicé mi mano entre aquel surco tan suave y caliente. Presioné con delicados pero firmes movimientos ascendentes-descendentes aquel descubrimiento que tanto me alteró. Empecé a sudar, a sentir mucho calor. Tu en ese momento estabas haciendo lo mismo conmigo. Volvimos a besarnos en la boca, con profundidad y mayor deseo. En pocos segundos, nuestros cuerpos se pusieron en contacto directo, el calor aumentó, mis piernas comenzaron a relajarse. El calor se concentró en mi bajo vientre, junto al tuyo. Mis piernas se entrelazaron con las tuyas, me agarré a tus nalgas y dejé que la “montaña” me conquistara. Sin resistencia, sin ninguna dificultad alcanzó la cima rápidamente. En ese mismo instante, sentimos un escalofrío que nos estremeció todo el cuerpo y no encontraba final. Permanecimos el uno dentro del otro bastante tiempo. Creo que ... lloré.

Mas tarde, un beso muy cálido sirvió para darnos las gracias por aquel mágico momento. Nos tumbamos boca arriba, mirando al vacío, mientras nuestras manos se acariciaban. En ese estado de satisfacción, permanecimos en el tiempo, en el espacio que hay “entre el mar y el cielo”.


"MICROPENE"



- Qué haces ahí fuera que llevas horas y parece que te estás fumando un “micropene”?

- Un qué? Un micro…..

No he terminado de decir la palabra cuando ya te he bajado la cremallera del pantalón y te estoy tomando el macro…. a través del calzón-illo, mientras me miras como apuro el mini-ciga-rrillo. Te has quedado mudo mirándome ante la forma de apurar las últimas caladas o tal vez porque encontré con mi hábil mano la apertura frontal de esa suave prenda interior masculina. Ummmm….aquí hace más calor que fuera y si bajo la mano un poquito más…..am..um..agr…..la bolsa de agua caliente. No me extraña que tengas esa cara de felicidad…..esos coloretes…..Vaya, he tenido que tirar la colilla, casi me quemo los labios. Ufff…pero si estás a mi lado mirando el trasero de la chica que ha salido. Que imaginación tengo….

- Eh? Decías algo?

- No, nada…estaba pensando….. en encenderme otro cigarrillo.


“Y....NOS AMAMOS”


Relato erótico de Nairda con música de Utara y montaje de Lola Picón. 



 
HABLEMO-S de-EXO


Ella como de costumbre cada quince días iba a su curso de formación a recibir las enseñanzas que su “maestro” magistralmente impartía. Aquel día, en apariencia, era un día más a pesar de que sus sueños anunciaban una apertura de piernas de 180º. Pero ella, dejándose llevar una vez más, fue sin expectativas a aquel encuentro formativo. Nada más llegar a la puerta sintió como las hormonas sexuales de su “maestro” estaban activadas, siguiéndole el juego.


Durante el curso, y sin estar en el programa, se habló de aquello que tanto se posponía. Porque lo que no está preparado sale tan natural y sincero como los niños en un escenario, creíble y acaparando toda la atención. Supo a miel a pesar de hablar de impotencia, frustración y espera. Así que todos se fueron tan contentos.


Sin embargo ella, como de costumbre también, hizo una visita al cuarto de baño para liberarse antes de la vuelta a casa. Como de costumbre también, se metió en el servicio de caballeros puesto que el de mujeres estaba ocupado y el “maestro” tenía prisa por marchar. Tiró de la cadena, cogió sus cosas y justo cuando estaba dispuesta a salir por la puerta su “maestro” entra. Otras veces hubo bromas como “te he pillado, viciosilla” pero esta vez la cosa pintaba distinto. Todos se habían marchado ya, solo quedaban ella y él. Ya no era su “maestro”, ahora era el hombre fuerte, seguro y decidido que en el marco de la puerta le miraba distinto, con rostro más serio, ojos brillantes y labios entreabiertos. Ella no supo cómo reaccionar y por eso optó por dejar que fuera él quien moviera ficha. El entonces dio un paso hacia delante y ella hacia atrás. El cerró la puerta y ella topó con el lavabo, no había posibilidad de más pasos hacia atrás. El entonces dio otro paso más hacia delante y dado que el espacio del cuarto de baño es limitado, con este último paso se vió apenas a pocos centímetros del cuerpo de ella. 


Los ojos de él empezaron a brillar más, su respiración ya era notoria y sus labios comenzaban a separarse. Ella comenzó a sentir su corazón latir más rápido, se quedó muda, sus manos se apoyaron en el lavabo dejando su pecho como bandera erguida y símbolo de “aquí me tienes”. El entonces sonrió un poco, entre nervioso y tengo el poder, movió su brazo derecho hacia la cadera de ella deslizando su mano hacia su trasero, el cual comenzó a acariciar. El corazón de ella comenzó a latir más rápido mientras sus labios se entreabrieron. El, que comenzaba a sentir su órgano sexual elevarse, junto la cadera de ella a la suya mientras apretaba sus nalgas con su mano. Con la mano izquierda le acarició el pelo, ese que tanto le hipnotiza y habla de su belleza: “Una mujer es tan guapa como su pelo le permite serlo”. En esos momentos tanto él como ella comenzaron a perder la noción del lugar y del tiempo. Ella y él deseándose, solamente dejándose llevar por la emoción del momento, sin pensamiento. Se miraron a los ojos, unos ojos que decían “sigue”, “que placer”, “sigue”. Unos labios que decían “bésame”, “te voy a besar” y unos cuerpos cada vez más calientes y juntos. Así, que sin más preliminares él besó apasionadamente los labios de ella, lengua y mordiscos directamente, demasiado deseo contenido para empezar de cero, demasiado conocimiento mutuo para andar con rodeos, demasiada kundalini dispuesta a “desatascar” lo indesatascable hasta ese momento. 


Sus cuerpos rápidamente se convirtieron en plumas donde brazos y piernas danzaban, se entrelazaban y confundían en el espacio con el resto de los cuerpos. La ropa no fue un obstáculo, es como si hubieran acudido desnudos a esa “reunión” inesperada. Solo había calor que subía del bajo vientre hasta sus cabezas pasando por sus pechos, un calor húmedo que jadeaba pasión, entrega y “un dios mío” de vez en cuando. No se dieron cuenta siquiera de cuando el yoni y el lingam se hicieron uno, ni siquiera cómo llegó el orgasmo. Solo que aquel acto les llevó a desaparecer a un “mundo” difícilmente explicable y en el cual querían permanecer, en silencio, en completa unión.



"MASAJEÁNDONOS"

Regalar un masaje, seas hombre o mujer, es más que un placer para los sentidos. Es una forma de decir “te regalo lo que quiero hacerte y que me hagas”.

Son las nueve de la noche. Espero a que salgas de trabajar. Te sorprendes al verme pero sonríes. Como me gusta esa sonrisa entre picarona, seductora e inocente.

Te acercas con esa elegancia que te caracteriza y me das un beso entre la mejilla y la boca porque no sabemos qué parte poner, de esos en los que se sienten los labios penetrar en la piel.

Te sonrío. Me vuelves a sonreír y preguntas “¿Me estabas esperando?”. Pregunta por preguntar cuando la intuición es tan ávida. Aún así respondí por responder “Te estaba esperando”. “Dime” me dijo. “Mejor no te digo y hacemos” respondí. Le tomé del brazo y comenzamos a pasear hasta su coche en silencio. Abrió la puerta, subimos los tres y ya dentro intercambiamos palabras por hablar. ¿A su casa, a la mía, al parque? Daba igual donde me condujera, el lugar era lo de menos. De todas formas, pronto salí de dudas.

¿Fue en un sillón blanco con cojines orientales? ¿En una cama grande con aceite de chocolate? ¿En una colina debajo de un olivo? O ¿En una terraza semi-cerrada con velas y vino? Da igual donde ocurrió pero no así lo que ocurrió.

Las manos son visitadoras de cuerpos como los susurros ambientadores de sonidos. Ambos actúan con sutil contacto en el alma, acariciándola en danza armoniosa. El deslizar se produce fluido en un juego de cara y envés, círculos y líneas, contracciones y distensiones. La respiración acompaña a su paso a las sensaciones más o más placenteras. La mirada juega a mirarse hacia dentro y hacia afuera, hacia afuera y hacia dentro. El olfato se excita por tanto contraste de olores porque no sabe hacia cual dirigirse. La boca se entretiene en cuidar su fluido ascendente y descendente. El oído se abre y se cierra, sintoniza y desintoniza. ¿Dónde estás tú? ¿Dónde estoy yo? Tal vez en ese espacio indefinido al que nos condujo este inocente, sensual y sexual masaje improvisado.
 


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